Vida, muerte y resurrección de Nick Drake

Si estás en un apuro y necesitas prejuzgar a alguien con ciertas garantías, pregúntale qué le parece Nick Drake. (Y si lo confunde con Nick Cave… bueno, por ser tú no pasa nada, total ¿quién era Nick Drake?). Pues Nick (Drake) fue un cantante y compositor inglés de finales de los sesenta y principios de los setenta que murió a los veintiséis años no sin antes firmar un puñado de canciones eternas. Un artista que no recibió en vida el menor reconocimiento y que hoy corre el peligro de que su imagen acabe por devorar su obra. Porque Nick tiene la figura romántica perfecta: pelo largo, alto, delgado, pálido, con pañuelo al cuello, una elegancia natural, una enfermedad mental, una muerte prematura. Un Keats moderno (aunque él prefería a Yeats, y Wilde sigue estando de nuestro lado). Pero, atención, que esta imagen idealizada no haga que nos olvidemos de lo más importante: que Nick fue un cantante, músico y, por qué no, poeta extraordinario. Un creador inimitable, un amigo íntimo para cualquier época, marcado por la mirada de un perro de ojos negros, pero capaz de iluminar la vida.

Otro de los elementos que hacen de Nick un personaje romántico ideal es el misterio que rodea toda su vida. No hay grabaciones de ninguna de sus actuaciones y solo concedió una entrevista, pero es que su estilo elusivo y un cuidado contante por mantenerse en los márgenes hace que poco sepamos no ya de sus pensamientos más íntimos (que siempre pueden ser interpretados, aunque sea equivocadamente, a través de sus canciones), sino que hasta los aspectos más banales de su existencia (¿qué le gustaba leer?, ¿quiénes fueron sus novias?) parecen enigmas irresolubles. Incluso un libro de apariencia tan minuciosa como Remembered for a While (recientemente editado en castellano por Malpaso con el título de Recuerdos de un instante, esperemos que el resto del libro tenga una traducción más fiel), recopilación organizada por su hermana Gabrielle en la que se incluyen cartas del propio Nick, rememoraciones y entrevistas de familiares y amigos, análisis de sus canciones una por una o el diario paterno de la temporada en el infierno que fueron los últimos años de vida de su hijo, nos priva de conocer al Nick más íntimo, a la persona que se esconde detrás del artista, como se suele decir.

Si, como afirmaba Hannah Arendt (más o menos) la identidad la construyen los otros, con Remembered deberíamos tener un retrato completo de Nick. Mucho más que un álbum familiar (aunque ya solo la cantidad de fotografías que contiene convierte el libro en imprescindible para cualquier fan), se trata de una visión caleidoscópica, un poco al estilo Ciudadano Kane, podríamos citar, con la que al final nos quedamos sin conocer el sentido de Rosebud. Y no hablo de por qué se suicidó (si es que se suicidó, parece bastante convincente la teoría de Brian Wells (amigo de Nick y prestigioso psiquiatra) según la cual fue algo parecido a un accidente, un quiero dormir y me voy a tomar todas las pastillas, y si no me despierto, pues nada). Tampoco se trata de descubrir cómo llegó a construir unas canciones tan maravillosas. Ay, si lo supiéramos. No, se trata de algo más sencillo, de saber quién era este Nick, de entrar en el mundo de este colega y conversar con él.

Sabemos que le gustaba el críquet y correr, que disfrutaba conduciendo sin destino, que era bastante porrero y alguna cosa más. Bueno, venga, un repasito rápido: que nació en Birmania (otro inglés típico que no nació en Inglaterra), que pertenecía a una familia de clase media-alta con elevados gustos musicales y de gran sensibilidad (en el disco Family Tree podemos escuchar alguna canción de Molly, su madre, de perturbadoras similitudes con el estilo de Nick), que estudió en buenos colegios e incluso llegó a ingresar en Cambridge (aunque abandonó sus estudios en Literatura Inglesa antes de terminar la carrera), que viajó por Marruecos y el sur de Francia (donde hizo sus primeros pinitos como cantante callejero), que publicó su primer disco con veintiún años, que sufrió una paralizante depresión y que solo a partir de los 90, gracias a internet y, sobre todo, al anuncio de un coche, logró la fama que tanto se merecía.

Aunque en realidad la fama nunca le había preocupado. Su timidez (apenas dio conciertos) y sus escasas habilidades sociales (aunque según todos los que le conocieron, en el trato personal era encantador) no le hacían propicio para la celebridad. Pero una cosa es no querer ser un rock star y otra ser el autor de tres discos espléndidos y que al parecer nadie se dé cuenta. A lo mejor ni tan siquiera el propio Nick era consciente de ser un genio, pero cuánta frustración debe conllevar el crear canciones como Northern Sky, que hoy cualquier oído de madera puede identificar como una obra maestra, y que nadie parezca darse cuenta.

Y eso que publicar tres discos con Island Records, uno de los grandes sellos del momento, y qué momento, no estaba al alcance de cualquiera. En 1969, mientras todavía estaba en Cambridge se editó Fives Leaves Left, con canciones inolvidables como River Man, Day is Done o la premonitoria Fruit Tree (en la que hablaba de artistas no reconocidos en vida y aclamados después de su muerte). Pues eso, que nada. Un año después apareció Bryter Later, con unos arreglos orquestales de Robert Kirby que todavía hoy son discutidos pero que daban al disco un empaque que hacía prever un gran éxito. De hecho, en 1999 encabezó la lista de The Guardian como el mejor disco alternativo de la historia. Pero que no, que la gente no se enteraba de nada. Así que para su siguiente disco Nick decidió volver a lo esencial, desnudar su música y quedarse simplemente con su guitarra. Y así nació Pink Moon, un disco hipnótico de una belleza sobrenatural, un disco tan triste como exultante. ¿Resultado?: ¿quién es Nick Drake?

Vuelvo a intentar contestar, de nuevo consciente de la imposibilidad de dar con una explicación satisfactoria. Porque, ¿cómo convencer de que la voz de Nick tiene algo de mágica? (todo en él es hechizante, como dice en una de sus canciones, I Was Made to Love Magic). Pasa lo mismo con su música. Nick era un guitarrista original y de una técnica impecable, pero ¿de cuantos instrumentistas se podría decir lo mismo, y nada más? En Remembered Chris Healey hace un análisis musical de sus canciones, hablando de acordes y todo eso, que para quien lo entienda está muy bien, pero, la verdad, tampoco nos va a convencer de que era un gran compositor diciendo que usaba esquemas BBDGBE. O como poeta. Ian MacDonald puede intentar explicarnos el sentido de sus letras, pero cada oyente va a hacer su propia interpretación, que será igual de valida. Y ni tan siquiera eso, ¿para qué dar un sentido a lo que escuchamos?, ¿qué necesidad de pensar cuando podemos sentir? Como dice Paul Wheeler (músico él mismo y amigo personal de Nick, no confundir con Paul Weller), escribir una canción es totalmente diferente a escribir un poema. Un compositor no tiene que pensar tanto en el sentido de las palabras que utiliza como en su musicalidad. Que suene bien, sin importar el mensaje. (Por eso Nick se aleja de cantautores cansinos tipo Leonard Cohen, de supuesta profundidad y vuelo lírico pero que, y por algo será, tuvo más éxito en países no angloparlantes).

(De hecho, si nos preguntan a quien se parecía Nick, después de decir que es único, los nombres más evidentes son Dylan, Van Morrison, Donovan o Cat Stevens. Y, pese a que no entre en las referencias señaladas en Remembered, también podríamos incluir a Scott Walker, aunque solo sea porque podríamos atribuir a Nick lo que un personaje de El día del Watusi decía sobre Walker, que era “el rey de los penitas»).

Pero no, no caigamos en el tópico de convertir a Nick en el epítome de la melancolía, en ese cantante tristón capaz de deprimirte con unas cuantas notas. Tampoco voy a negar que algunas (muchas) de sus canciones son de bajonazo total (el caso más claro podría ser Pink Moon), pero hay algo en la música de Nick (de nuevo esa magia) capaz de iluminar la oscuridad. No es tanto el regocijo en la miseria como la promesa de una resurrección. Como repiten varios invitados de Remembered, en el crepuscular álbum Pink Moon, después de la desoladora Harvest Breed nos regala la vivificante From the Morning. En palabras de MacDonald, Nick era un alma de luz, un romántico idealista, y Pink Moon, lejos de ser desolador y malsano, es una bella meditación sobre la redención a través de un proceso espiritual.

Quizá Nick era demasiado bello para este mundo. Seguro que su misterio jamás será desvelado. Pero qué bien te entiendo.

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