Son historias reales, o de la vida real, eso es todo

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Noemí López González // No son historias ni de precariedad, dolor, orgullo o alegría. Son historias reales, o de la vida real, eso es todo. Los que no vivimos ajenos al mundo sabemos el esfuerzo que conlleva.

Cambiaron muchas cosas cuando se sustituyeron los cursos de doctorado por los másteres. El primer cambio: de 300€ a 2.000€. A mí me tocó hacer un máster para poder acceder a los estudios de doctorado (curso 2010/2011), es uno en la línea del de Cifuentes, de los que dan acceso a la investigación. El año anterior al mío, a las personas licenciadas les bastaba ese título para acceder al doctorado, dos años después también. A los mortales que nos pilló en medio, nos tocó hacer un máster. Y pagarlo.

Tengo la suerte de haber contado con becas durante todos mis estudios, y ese año no fue una excepción. Vivía con el dinero de la beca, que me pagaba la matrícula y el piso, y un trabajo de 10 horas semanales (200€/mes) con el que hacia frente a mis gastos, y ahorraba. Siempre supe lo que quedaba en mi cuenta al acabar el mes: no se me escapaba un céntimo. Con lo que conseguía ahorrar durante el año, me iba de vacaciones.

El curso que tuve que hacer el máster también tuve que dejar el trabajo porque exigía dedicación completa, y no es una forma de hablar. Tenías que estar disponible siempre: si había un cambio de horario, el que se tenía que adaptar era el alumno. Ese año tuve que pedir dinero a mi familia, y no hubo vacaciones. Tampoco podría haberme ido a ningún sitio dado que julio y agosto me los pasé metida en el laboratorio o delante de la pantalla escribiendo el TFM. Solo falté a una asignatura, tuve que hacer un trabajo para aprobarla y fue con el consentimiento del profesor, porque en el tiempo de su asignatura yo estaba de campaña de muestreo, 12 horas al día, 12 días, sin descanso.

La gente real deja sus trabajos para hacer un máster. O se sacan una carrera por la UNED sacrificando su tiempo libre para estudiar. O piden días libres para ir a hacer exámenes.

Antes del CifuentesGate, cada vez que rellenaba un papel con el epígrafe “Estudios que le dan acceso al doctorado” me reía y elegía entre Licenciatura/Máster Oficial. Ahora no me hace ninguna gracia.

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